domingo, 4 de diciembre de 2011

Juvenil División de Honor G5: Rayo Vallecano 2-2 Unión Adarve

Fuegos artificiales en la noche

A cinco minutos para el final, el Rayo sufrió un apagón que provocó el empate del Adarve marcando dos goles

A las cuatro de la tarde de un sábado en la Ciudad Deportiva de la Fundación Rayo Vallecano comienza un partido. Es invierno y el sol ,aunque ya no calienta como antes, alumbra. Al minuto noventa, llega el ocaso, cae la noche en Madrid. Cuando era de día el juvenil del Rayo Vallecano había resuelto un partido intenso y competido por pegada y toque. Pero con la noche cayendo sobre el tapiz, el duelo aún no había terminado. Para los franjirrojos sí y llegó la remontada. Primero de un remate de córner y luego de un absurdo penalti. De día y de noche, la Unión Adarve jugó y al final sumó un punto. Como los fuegos artificiales les valió con dos petardazos para iluminar sus ilusiones.

Arrancó el choque trepidante. Los rojinegros impusieron su ritmo al Rayo. Presionando y empujando obligaban a los locales a iniciar las jugadas casi metidos en su área, una y otra vez. El Rayo Vallecano buscaba avanzar línea a línea, pase a pase pero no redondeaba sus jugadas ni desataban la solidez del rival.

Las ocasiones más claras eran del Adarve que por enjute pisaba la base rival. Primero Álvaro de tenso disparo que rebota en el muro rayista y más tarde Pedro que remata alto. Los visitantes habían entendido el partido. No dejar que la pelota corra a lo largo del terreno de juego, mejor que salte y vuele sin dominador claro.

Pero a la media hora de juego, la pelota cayó en el balcón del área en posición franca para un buen golpeo de un jugador franjirrojo. Nanclares no perdió la ocasión. Chuta fuerte y raso a la base del poste, 1-0. el gol calmó las ansías del Adarve y hasta el descanso el choque perdió amperios.


Al comenzar el segundo tiempo, el Rayo Vallecano mantenía la misma luz en su bombilla mientras que en los rojinegros comenzaba a retemblar. El Adarve mantenía su fe pero no la misma energía. Por eso replegó sus líneas para no encajar más y medía sus ataques para sorprender al rival.

El Rayo Vallecano ante un rival cada vez más diáfano, no como en el primer tiempo que su físico les permitía poblar todo el campo de defensores que presionaban y no dejaban jugar, comenzó a empalmar pases que encendían buenas jugadas. El momento luz del equipo llegó del minuto sesenta y tres al sesenta y cinco cuando cegó al rival con ocasiones y un gol.

Comienza la jugada sacando rápido una falta el Rayo. Toni para Nanclares y este para Rubén. La pelota le llega sobre la frontal del área a Ismael que arma su pierna y se decide por un pase a Manquillo que ante el portal vacío remata por instinto. Mansa camina la pelota hacía la línea de gol y termina salvándola un defensor rojinegro. El balón termina en el córner. Ismael es el encargado de botarlo y lo lanza al segundo palo dónde Adrián Mora se alza y cabecea  para marcar distancias. 2-0.

A partir de entonces, la noche. El sol poco a poco se esconde. La luz y sus rayos cada vez son más tenues, igual que la fuerza y la atención de los juvenil rayistas. El Adarve parece rendido al resultado. Excepto, su número cuatro y capitán, Álvaro. Como pólvora para fuegos artificiales su ambición enciende la mecha de la remontada.

Avanza del centro del campo a la posición de delantero centro, se pelea con todos y atrapa la pelota a la carrera. En el minuto ochenta y siete, su fe actúa como un imán. Un saque de esquina botado por Abel llega a Álvaro que lo remata pero no llega, en boca de gol es Charly quién a su lado la empuja para recortar distancias pero los dos hacen el ademán de meterla aunque sea con el alma.

Y ya a un minuto para el final, con el cuero en el campo contrario se enreda, por su insaciable sed de victoria,  con el defensor local Herreros que comete el error de sacudir el brazo y el capitán del Adarve cae. El árbitro entiende que existe una agresión y señala pena máxima. Álvaro termina siendo héroes de un cuento que seguía viviendo hasta escuchar el punto y final. Él confiaba en el empate y él lograba trasformar el penalti que convirtió la pena en abrazos del minuto ochenta y cinco al noventa.


Al Rayo Vallecano se le bajaron los plomos. Por confianza o desidia, sólo los jugadores lo saben. Aunque el el resultado es la única realidad que demuestra que sufrieron un apagón y que tiene sus consecuencias. Cada vez más lejos de su mejor momento, el equipo pierde intensidad y sus jugadores relumbrón. Cada vez más lejos de sus objetivos, son terceros pero las diferencias crecen. El Real Valladolid gana y el el Real Madrid recupera confianza. Para acabar la primera vuelta, primero el Numancia y luego los pucelanos. Dos partidos y una vuelta completa, que empieza en Valdebebas, para recuperar su química por el fútbol. Una vuelta para que cada futbolista encienda su bombilla e ilumine con talento sus oportunidades de éxito en el futuro.

En el Adarve, la sonrisa y la unidad como equipo les hace jugar a ciegas. Todo depende de ellos y eso sólo les da puntos y alegrías. La temporada se desarrolla y los resultados afianzan su credibilidad en su juego. Sólo les queda seguir así, no mirar a los resultados sino a su fe en ellos mismos.




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