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miércoles, 14 de diciembre de 2011

Especial Boys Scout

Jesé y Diego Benito, dos peregrinos hacía el paraíso de la gloria

Jugándose el partido de ida de los dieciseisavos de final de la Copa de Su Majestad el Rey siempre hay nuevos valores que tienen su protagonismo. En el Sardinero, Diego Benito, mediocentro del filial rayista, tomó las riendas de la franja roja. Y en el Toralín, campo de la Ponferradina, debutó con la camiseta blanca, Jesé, saltando al terreno de juego por su reflejo, Cristiano Ronaldo.

Uno nació en el 1988 y otro en 1993. Medido en años, Diego Benito termina la universidad y Jesé la comienza.  Para el jugador franjirrojo esta temporada es el fin de su formación, ya ha quemado todas sus etapas. Ahora le toca abrirse camino, doctorado en la Segunda División "B" busca escalar dentro de su empresa, el Rayo Vallecano. Su liderazgo y proactividad sobre el campo como becario ,en el segundo equipo de Vallecas le avalan. Además de multitud de entrenamientos junto a los grandes futbolistas del club.

Mientras, el canario siempre ha sido un niño prodigio desde que en cadetes llegase al Real Madrid procedente de  Las Palmas de Gran Canarias. Todos los equipos de cantera de "La Fábrica" tienen su crack. Él no comenzó siéndolo pero no tardó en aflorar su talento, ser distinto a los demás. Sólo por esto todo el mundo se detenía a verlo regatear después de encarar. Inconstante pero genial fue marcando goles hasta demostrar que su calidad estaba por encima de los chavales de su edad. No pisó el juvenil "C" blanco y recién se ha saltado su último año como futbolista de base para jugar a las órdenes de Toril, con 19 años, en la tercera categoría del fútbol español. En sólo unos meses ha aprendido a crecer a base de palo y zanahoria. Hoy mantiene su creatividad pero conoce lo importante que es siempre sumar su talento al equipo para después multiplicar con su fútbol y así marcar diferencias (como muestra el gol que logró en el derbi de filiales en el Cerro del Espino frente al Atlético de Madrid), pero nunca restar.

Ambos están ante la oportunidad de iluminar su destino. Uno fue titular, otro tan sólo jugó quince minutos. Sin embargo, el camino de uno y otro sólo concuerda en una cosa. Para convertir en realidad sus sueños viven en el darwinismo futbolístico.Dónde cada temporada, entrenamiento y partido luchan contra sí mismos, contra sus rivales en el campo y contra otros compañeros por llegar al paraíso de la gloria.

Diego Benito es del barrio del Lucero (Madrid), un lugar en la capital que huele a churros por la mañana y las casas son bajas. Hijo de futbolista amateur, ha mamado el olor a linimento de un vestuario y ha convertido el sonido de la pelota en una nana de buen recuerdo. Del Amorós a Cotorruelo, de Cotorruelo a Orcasitas, de Orcasitas al Román Valero y del Román Valero a Vallecas. Este es el camino de este humilde niño que cuando juega siempre lo hace con los ojos bien abiertos y la seria ilusión de quién disfruta con  lo que hace.

Aún recuerdo, sus recortes y gambeteos en corto desde la banda del Cotorruelo o en el Polideportivo de Orcasitas cuando vestía la rojiblanca de la Escuela del Atlético de Madrid. Al sintonizar Ondamadrid y escuchar que jugaba de inicio en el Sardinero esboce una sonrisa de oreja a oreja que no se me borró hasta irme feliz a la cama después de verlo en  imagen. Con la misma fluidez y elegancia que conducía, tocaba, tiraba paredes y delineaba pases al hueco en cadetes ,en el Campo de La Chimenea o en edad juvenil en el Román Valero para el C.D Moscardó, lo estaba haciendo en el Sardinero frente al Racing de Santander.

De nuestra hornada es el único que ha llegado tan lejos. Les dejo unos números y hagan sus cálculos. En la Escuela del Atlético de Madrid, cada generación se constituye en cuatro equipos de unos veinte jugadores cada uno, más la plantilla que conforma el equipo de la cantera. Más tarde, en el C.D Moscardó su primer año jugó en Cadete Autonómica, la liga más importante de la capital formada por un número aproximado de 320 futbolistas. Más tarde jugaría en División de Honor tanto con el Moscardó como con el Rayo Vallecano, compitiendo por una oportunidad llena de ojeadores con 2240 jugadores en todo el territorio nacional. Al fin jugó en Tercera, con el Rayo B, ascendió a Segunda "B" y sigue compitiendo por una oportunidad. Cambian las caras pero el siempre está con una sonrisa, con sus bromas y su generosidad sobre el campo, siempre queriéndote ayudar. Mientras tanto sus gestos y su habilidad congelan la mirada del espectador que está en las gradas fijándose hacía dónde va a llevar el balón.

En cambio, Jesé lo trajeron a Valdebebas desde las Islas Canarias. Su mérito  ha sido aclimatarse a la presión y las exigencias de un gran club, sin perder ni un átomo de espontaneidad en su forma de jugar. Pero al ser seleccionado por un abrir y cerrar de ojos, formar parte del bordado de un gran escudo y una gran marca como el Real Madrid hace que cada uno de sus regates sean sorprendentes pero no silenciosos. Desde sus primeras travesuras hasta las últimas se han relatado . Aunque en el mundo haya otros tan buenos como él, Jesé está en el camino correcto dónde  depende de sí mismo  para beberse el cáliz de la felicidad alrededor del fútbol siempre y cuando la puerta del paraíso se abra de par en par.

Hasta que sean llamados por su destino deberán seguir tocando  la puerta peloteando en los jardines del fútbol semiprofesional. Dieguito con su estilo, toco y me voy, toco y me muevo ante el Real Oviedo y Jesé driblando rojillos de la RSD Alcalá para seguir haciéndose notar con su potencia, habilidad y velocidad.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Adrían González, el hijo de Michel o un futbolista de primera

Hacen ya nueve temporadas que el destino de Adrián González, el hijo de Michel , y yo nos cruzamos. Era noviembre de 2003 cuando el Real Madrid cadete de división autonómica, dónde él jugaba junto a Alberto Bueno, Mata y Mosquera, visitaba el campo de La Chimenea (Usera), un enlodazar por las lluvias de la semana.  Nosotros, el C.D Moscardó, con Diego Benito, jugador del Rayo Vallecano "B" como estrella, aparecíamos en el cuarto puesto en ocho jornadas disputadas.

El resultado final fue un empate a uno. En el último minuto, a balón parado y en propia puerta los blancos sacaron un punto de nuestro fortín, la caja de cerillas de La Chimenea. Durante el partido lo que más me llamo la atención fue la calidad de una serie de futbolistas. Entre ellos Adrián González, el hijo de Michel. Acostumbrados a las fantásticas instalaciones de la Vieja Ciudad Deportiva, ya en su último año de existencia, jugaban en tierra con la misma precisión al toque que en la hierba artificial, mejor que nosotros que entrenábamos y jugábamos sobre ese terreno.

Esa misma temporada, en el partido de vuelta, el ocho con su zurda se hartó de asistir junto a Prosi y a Mosquera a Juan Mata que saltó al terreno de juego en el segundo tiempo, venía de jugar con la selección española sub-17, para romper el empate que campeaba en el marcador, haciéndonos él solito cuatro goles.

La próxima vez que nos vimos las caras fue en la temporada 2005/2006. También era invierno pero un día frío y soleado. Ambos jugábamos en la categoría juvenil nacional. Él, en su Real Madrid, y yo, en el C.D Puerta Bonita.  El mítico campo del Hogar estaba atestado de gente, su juvenil aún no había perdido y se situaba segundo en la tabla y jugaba contra el líder. En el vestuario y entre la hinchada, un recuerdo ahora, un flashback entonces. Los comentarios sobre Adrián González se repetían, este no es tan gran jugador como para jugar en la cantera del Real Madrid. Está por ser quién es. Sólo tiene buen golpeo, decían los más templados.

Con empate en el marcador.Ya en el segundo tiempo, la pelota cruzó el campo del medio a la banda izquierda. El extremo del Real Madrid acomodo la redonda para encarar, a pesar de que el suelo estaba duro e irregular, frenó el ímpetu del bote y sorteó a su par. Pero el zaguero no se dejó driblar y le tumbó. El duelo se rompía a favor del equipo grande, un jugador lo había decido así. Adrián González, el hijo de Michel.

Nuestras vidas, jamás se volvieron a cruzar. Ni mis rodillas ni mi calidad dieron para más. Él cumplió su sueño, del Castilla al Celta, del Cellta al Nástic, del Nástic al "Geta" y del Getafe al Racing de Santander. Dónde ayer, en el Sánchez Pizjuán, hizo rememorar la figura de su padre pero con la zurda poniendo un centro medido con escuadra y cartabón a su compañero Ariel para dar la vuelta, 1-2, su choque contra el Sevilla. Aunque el resultado final, fuese un empate a dos.

Los comentarios sobre Adrián González, el hijo de Michel, son los mismos que oía en los campos de tierra.  Está en Primera División por ser quién es. Puede ser que sí, puede ser que no. Quizás sí no se apellidase González ni tuviese cada vez que juega la sombra del ocho acechándole sería uno más de esos jugadores técnicos y fieles al passing game que tanto nos gustan ahora en España.

O no, quizás sí no se apellidase González estaría en Tercera División o Preferente. Jugando por dos duros, por la ilusión de ser feliz alrededor de una pelota y compaginándolo con un oficio.

Ni tú ni yo lo sabemos. Lo único que es verdad es que Adrián González es el hijo de Michel y un jugador de Primera División que ayer demostró que su zurda tiene calidad para la elite.